EL CREDO SADOMASOQUISTA
Por José Manuel Martínez

  


                                                                

Confieso que algo que me gusta mucho es entablar conversación con otros sadomasos para compartir mis experiencias sexuales y aprender de las que ellos me quieran contar a mí. El sadomasoquismo es, como se sabe, un arte erótico que se transmite, como de hecho se ha transmitido siempre, oralmente o con la práctica. Quizás sea ésta la única manera que uno tenga de ampliar horizontes y de descubrir nuevas formas de placer. Sin embargo, importa, y mucho, el modo como hablamos de esas técnicas que tanto nos gustan.

En mis incursiones por los chats o por los bares leather me topo frecuentemente con ciertos Amos que consideran que su placer radica en pegar al sumiso. También encuentro con no menor frecuencia esclavos o sumisos que dicen buscar un Amo que les pegue. Incluso expresiones como "te voy a machacar" o "te voy a dar una paliza de antología" no son extrañas en los diálogos entre Amo y sumiso a los que uno se expone. A primera vista el uso que hace uno aquí del lenguaje es completamente inocente e inmaculado. De hecho, se piensa, existe un hecho en sí que es "pegar". Y al sumiso, o al masoca, le gusta, simplemente, que le den una buena hostia, del mismo modo que al Top le gusta eso de "dar caña". Muchas veces este uso de las palabras es más bien enfático. Nos da morbo la fantasía del hecho violento: el esclavo quiere sentir un total abandono ante el poder de un Amo inmisericorde, y éste, a su vez, quiere experimentar la sensación de una omnipotencia sin límites sobre el cuerpo del sumiso. Por eso, la sesión SM delimita una relación de poder: el esclavo no lo es sin el Dominante, pero éste no lo es sin aquél.

Sin embargo, todos sabemos que de las palabras a los hechos hay un buen tramo. Cuando el esclavo comienza a retorcerse y a indicar que está rozando los límites de su resistencia al dolor, si no lo ha alcanzado ya, el Amo "sabe" que "debe" parar. Si acaso, puede forzar un poco esos límites para que la descarga de endorfinas inunde después al sumiso y éste experimente así ese placer tan indescriptible que viene a buscar. Pero eso es todo. En el fondo, el sadomasoquismo no es ejercicio de la violencia. Tampoco es brutalidad. Siempre hay un 'límite' que no "debe" ser sobrepasado. Por eso, el SM es una forma de placer. De ahí que en la sesión no se "pegue" en sentido propio. Muchas veces interpretamos "lo que hacemos" desde el lenguaje de aquel que nos margina y excluye, es decir, desde el lenguaje normativo. De hecho, las descripciones que dan los psiquiatras (afortunadamente, ya hay algunos que no) del masoca es que le gusta que le peguen, es decir, que ejerzan violencia física sobre él. Igualmente, la descripción que dan del sádico es la de aquel que encuentra su placer torturando a su víctima. Pero esto no es cierto. Sólo hace falta pensar un poco para darse cuenta de que no hay nada que más exaspere al sádico que el hecho de que su supuesta víctima le pida castigo. Pero es que tampoco alguno hay masoca que se someta voluntariamente a un sádico del que sabe que no va a respetar sus límites y, por tanto, que le va a infligir "dolor".

Y es que el lenguaje que empleamos nunca es inocente. Tratemos de crear nuestra propia terminología. En el SM nadie "pega" a nadie. Ni el sumiso busca precisamente dolor ni el Amo busca infligirlo. Si acaso se produce una estimulación intensa del cuerpo, de todas sus partes, o de las zonas más desatendidas (como el ano, los pezones, los glúteos...), pero nunca "dolor". O si lo hay la experiencia del dolor es algo más compleja de lo que normalmente se supone. Por este motivo, el término "sadomasoquismo" es, como ya decía en 1969 el filósofo francés Deleuze, un monstruo semiótico, o dicho de otro modo, un absurdo si se tiene en cuenta el significado de los dos conceptos que engloba. El dolor va ligado a la violencia: es el ejercicio del poder desde el punto de vista de la víctima. Y es víctima porque el poder se ejerce contra su voluntad. Por eso es violencia. En el SM no hay violencia porque hay acuerdo. Una cosa es el morbo que la fantasía del hecho violento nos dé. Pero en la realidad las cosas son muy distintas. Los sadomasos americanos teorizaron esto ya en los años 80 a base de discusiones y polémicas que fueron muy sonadas en su momento. El sadomasoquismo es, dicen, safe, sane and consensual, en español: seguro, sano y consentido.

SEGURO: con ello se da a entender, no sólo que en las relaciones sexuales se van a poner los medios necesarios para evitar posibles contagios de enfermedades, sino, sobre todo, que en la sesión no se va a poner en juego la integridad física del sumiso ni se le va a provocar daño alguno, ni físico ni emocional. El SM es un forma muy sofisticada de sexualidad, altamente intelectual y mental, que requiere mucha "confianza" entre el sumiso y el Amo, pero por ello mismo exige de éste último un alto grado de "responsabilidad" para no sobrepasar los límites del juego seguro. Cuando la sesión se quiebra en daño corporal, podemos estar seguros de que algo ha fallado. El placer, ahora, deviene dolor. Y lo que prometía ser una tarde inolvidable acaba siendo el principio de una pesadilla.

SANO: este concepto está relacionado con el anterior. Sano quiere decir que el fin de la sesión es producir placer físico o emocional, para lo cual, ésta se debe dar dentro de unos límites que han de ser previamente fijados por los dos actores de la misma. Esos límites son los que el sumiso impone. Por eso, quien tiene la clave de que la sesión resulte de lo más estimulante es el esclavo, pues su resistencia y su experiencia en las diversas prácticas permiten al Amo una amplia gama de posibilidades. Ahora bien, si esto es así, no es menos cierto que lo que hace que la sesión se traduzca en placer para ambos es la habilidad, pericia y responsabilidad del Amo para jugar en el margen de actuación que el sumiso ha fijado. Que la sesión SM sea un juego sano indica entonces que se trata de producir el mayor placer corporal posible para los dos. Por tanto, el SM no es una enfermedad. Es una forma distinta -lo cual quiere decir, muy sofisticada- de alcanzar lo que todos los seres humanos buscamos en el sexo: el placer.  El SM es sexo radical.

CONSENTIDO O CONSENSUAL: causa y consecuencia a la vez de todo lo anterior. Si la sesión está orientada al placer, y esto se consigue respetando los límites del sumiso, está claro que previamente ha habido un acuerdo en el que se estipulan los límites dentro de los cuales el Amo tiene todo el poder para actuar sobre el cuerpo y la mente del otro. En el SM hay acuerdo entre las partes. O lo que hay, más bien, es un contrato al estilo de Sacher-Masoch, el artista: el masoquista se somete voluntariamente al poder del Dominante siempre y cuando éste co-responda a su sometimiento no sobrepasando los límites previstos. El masoquista es un seductor y el   Dominante es el que ha de aceptar las reglas del juego.  A veces el acuerdo consiste en el uso de un palabra clave que, pronunciado por el sumiso, indicará al Top que no debe ir más allá porque ya ha alcanzado su límite máximo de resistencia.

En definitiva,  el SM es una forma fronteriza de placer. Fronteriza porque se juega siempre en los límites de lo soportable y de lo insoportable, del placer y del dolor, erotizando esos límites que son, a la vez, los límites de nuestro propio cuerpo. Ahora bien, si es una forma de placer, y no una enfermedad, es porque ese juego se practica siempre de acuerdo con un código que los Sadomasos interiorizamos poco a poco y que hace posible que la confianza y la entrega mutua que exige se traduzca en ese placer sin igual que todos conocemos. El SM es, para terminar, una forma segura, sana y consensuada de gozar del sexo y de nuestro cuerpo. Es otra forma de ternura.

de la Web Espacio Leather