El Amo ideal
Escrito por Kurt
master48bcn@yahoo.com
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He aquí lo que yo creo que debe ser un Amo,
o mejor dicho, lo que a mi me gustaría ser. No pretendo dar lecciones a nadie,
simplemente exponer mi visión. Lógicamente habrá quien esté de acuerdo y quien
no.
El Amo ideal sabe que su autocontrol es
básico para dominar a su sumisa. Como Amo,
es firme hasta el punto de hacer que las lágrimas fluyan y, como amante, no duda
en lamerlas de su rostro. Acepta la veneración de su sumisa y corresponde con la
ternura de quien sabe que su posición no se resiente por expresar sus
sentimientos hacia ella. Consciente de la diferencia entre realidad y fantasía,
no duda en olvidarse de los roles para ser un amigo cuando ella lo necesita.
Él entiende que para poseer a una mujer, se debe cortejar su mente con
inteligencia y humor; ganar su alma con pasión y calidez, y su cuerpo con
firmeza y determinación. Actúa como un galante caballero movido por un antiguo
código de honor que, los que no conocen, critican o, en el mejor de los casos,
aceptan sin comprender. De naturaleza protectora, defiende el honor de su sumisa
que, por extensión, siente como suyo. Y es consciente de que la diferencia de
los roles no implica inferioridad.
Él es un sutil sádico que utiliza el dolor para extender las fronteras del
placer pero sin que ese dolor produzca daño. Es el tutor y el guía que hace
volar a su sumisa proporcionándole la motivación para dar el salto inicial, el
coraje para arrojarse al vacío, la determinación para mantenerse en vuelo y la
osadía de perseguir cimas más altas. Pero no es un mago. Es simplemente un
egocéntrico que persigue entrar en lo más intimo y afianzarse en ese lugar.
Pretende adentrarse en ese espacio recóndito donde nadie ha estado antes, ese
rincón celosamente guardado fuera del alcance de los demás. Llegar a la caja de
Pandora y que ella, voluntariamente, le entregue la llave para abrirla. Ese es
el verdadero desnudo, la verdadera entrega, la verdadera rendición, el codiciado
trofeo que espanta a muchos pero que Él persigue. Y la responsabilidad que
acarrea ser investido con ese honor no le hace dudar sino perseverar en su
objetivo.
El Amo ideal no es vago, ni mental ni
físicamente. Consciente del respeto y de la dedicación debida a la persona que
ha decidido entregarse, es lo suficientemente paciente como para estudiar y
conocer bien a su sumisa. Conocedor de la frágil naturaleza del espíritu y de la
mente humanas, nunca viola la lealtad de quien le ha entregado su voluntad
puesto que sabe que la entrega hacia Él se refuerza a medida que la confianza se
hace más profunda.
Seguro de su autoridad, no necesita de poses absurdas para demostrarla. Entiende
los títulos como muestras de respeto y arrodillarse como una muestra espontánea
de genuina sumisión. No es partidario de rituales que banalizan y mecanizan
actos cargados de significado y sentimiento. Su seguridad le permite reírse de
Él mismo pero no le impide tener la humildad para aceptar ayuda y aprender de su
sumisa y para crecer con ella. Sus herramientas son la mente, el cuerpo y el
alma y se apoya en el látigo, las cadenas, las mordazas y los antifaces. Él es
consciente de que la obediencia que nace del miedo al castigo es, en el mejor de
los casos, débil y fugaz. La obediencia engendrada a partir de sentimientos
reales de sumisión y de deseos de complacer a su
Amo, es en cambio inequívoca y duradera. Por
encima de todo, Él sabe que el amor es la única cadena que realmente ata. Y ese
es su objetivo.
Y sabe que sin ella, sin su sumisa, no tan solo no puede alcanzar su objetivo
sino que no es más que otro hombre cualquiera. Que cualquier poder que tenga le
viene dado por ella y que su rol sólo se entiende en virtud de la existencia de
alguien que, libremente, decide por razones, que normalmente son de difícil
comprensión, otorgarle la oportunidad de realizar un apasionante viaje.
Bueno, como ya os he dado bastante la vara con lo que yo pienso, mejor acabar
con una cita que creo resume muy bien algunas de las cosas que yo he intentado
decir.
“Las sumisas son las guardianas de las llaves de
los oscuros y húmedos sótanos donde las fantasías secretas de sus
Amos las elevan al rango de divinidades”
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