Sexo periférico
Escrito por Eduardo Nabal
Las sexualidades periféricas, término acuñado por el
filósofo francés Michel Foucault en el primer volumen de su Historia de la
Sexualidad, serían aquellas que se producen lejos de la alcoba de los padres, no
son reproductivas, no tienen porque ser heterosexuales, ni monogámicas, ni
suaves, ni entre personas de la misma edad, ni en pareja, ni en privado.
La antropóloga estadounidense Gayle Rubin en su artículo "Pensar el sexo: Hacia
una teoría radical de la sexualidad" establece en un cuadro o gráfico una suerte
de jerarquía en la respetabilidad social de las practicas sexuales. Un amplio
abanico de tipos de conducta erótica desde la que cuenta con el apoyo social y
la total respetabilidad hasta las que son condenadas socialmente y perseguidas
legalmente. En el escalafón mas alto sitúa la heterosexualidad reproductiva y en
el más bajo prácticas como el sadomasoquismo o el fetichismo y el sexo
intergeneracional.
El término sadomasoquismo es el resultado de la unión de dos términos, sadismo y
masoquismo, acuñados por la ciencia psiquiátrica de finales del siglo pasado
basándose en la obra literaria de dos autores el Marques de Sade y el barón
Leopold Sacher Mascoch.
En su libro de 1905 "Tres ensayos sobre teoría sexual" Sigmund Freud, padre del
psicoanálisis, escribe "La tendencia a causar dolor al objeto sexual o a ser
maltratado por él es la más frecuente e importante de las perversiones y sus dos
formas, la activa y la pasiva, han sido denominadas respectivamente, por Kraft-Edbing,
sadismo y masoquismo.
Richard Von Kraft-Ebing fue profesor e Psiquiatría en la Universidad de Viena
hasta finales del siglo pasado. Coincidio con Freud cursando estudios
académicos. Acuñó estos dos términos incluyéndolos en su obra más celebre "Pyschopatia
Sexualis" de 1888 donde describía toda suerte de variantes de la sexualidad y
las definía como perversiones o anomalías. Su obra, de pretendida dimensión
científica, obtuvo un gran éxito comercial debido a sus para la época audaces
descripciones de toda suerte de prácticas sexuales pero no contribuyó demasiado
a aclarar los tópicos cuando patologizaba toda suerte de conductas y mezclaba
actividades consensuadas y no consensuadas incluyéndolas en una suerte de
catálogo de lo pintoresco donde tenían cabida travestidos, fetichistas del pie o
los zapatos, exhibicionistas, coprófilos, masturbadores, pedófilos junto a cosas
tan pintorescas como los fetichistas cortadores de trenzas.
Freud, basándose en algunas de las conclusiones de Kraft-Ebing sobre el
sadomasoquismo, reconoce que en la mayor parte de las personas existe un grado
de tendencia a una agresión, un componente agresivo en el instinto sexual que
devenido independiente y colocado en primer término, mediante un desplazamiento,
pasa a ser sadismo. El concepto de sadismo comprende, para él, desde una
posición activa y dominadora con respecto al objeto sexual hasta la exclusiva
conexión de la satisfacción
con la dominación del objeto sexual y el maltrato del mismo. En sentido
estricto, solamente en el último caso, lo consideraría propiamente una
perversión.
De un modo análogo nos dice, el concepto de masoquismo reúne todas las actitudes
pasivas con respecto a la vida erótica y al objeto sexual, siendo la posición
extrema la conexión de la satisfacción con el voluntario padecimiento de dolor
físico o anímico producido por el objeto sexual.
El masoquismo, como perversión, parece alejarse, según Freud, más del fin sexual
normal, que la perversión contraria; es dudoso si aparece originariamente o si
más bien se desarrolla a partir del sadismo y por una transformación de éste.
Con frecuencia, dice, puede verse que el masoquismo no es sino una continuación
del sadismo dirigida contra el propio "yo" que se coloca ahora en el puesto
anterior del "objeto sexual".
Y concluye "Un sádico es siempre un masoquista y al contrario". "Lo que sucede
es que una de las dos formas de perversión, la activa o la pasiva, puede
hallarse mas desarrollada en el individuo y constituir el carácter dominante de
su actividad sexual".
Actualmente la opción sexual sadomasoquista sigue rodeada de mitos, miedo y
distorsión. Siguen vigentes tanto la corriente patologizadora como la
criminalizadora y se la considera una anomalía sexual o parafilia en el último
Manual Internacional de Desórdenes Mentales (DSMI IV)
Las noticias y los comentarios de sucesos definen a los asesinos o a los
violadores como sádicos y sus actos como actos de sadismo identificándolo con la
crueldad y el ensañamiento. En el lenguaje popular alguien que sufre y no hace
nada para remediarlo se autoetiqueta el mismo como "masoquista". Decimos de
alguien que padece estoicamente algo que podría haber evitado o que incluso
parece pasarlo en grande en su situación que es un "masoca".
El sadomasoquismo, como opción sexual, y tal y como lo entendemos nosotros, nada
tiene que ver con esto. Es un ritual erótico que implica poner en práctica
fantasías en las que alguien juega el papel de dominante y otro u otros/as el de
dominado. La dinámica base del sadomasoquismo es el intercambio acordado de
poder en términos eróticos y con pleno consentimiento y cooperación de los
participantes.
En los años ochenta en EEUU hubo una fuerte división entre los grupos de
feministas y lesbianas por temas como el sadomasoquismo y la pornografía. La
resistencia de muchos grupos de mujeres y de lesbianas a aceptar el
sadomasoquismo como una opción sexual más tiene una cierta base lógica. Siempre
se ha presentado a las mujeres como pasivas y sufridoras. También se ha
identificado la posición del macho con la posición dominante y el sadismo con la
masculinidad y sus privilegios sociales. Se ha llegado a ver el S/M como una
extensión lógica e incluso como una síntesis extrema del sexismo. Su
desconfianza implica, sin embargo, un desconocimiento profundo del
sadomasoquismo y los que lo practicamos.
Al mismo tiempo se ha identificado siempre el sadomasoquismo con los hombres
gays y las parejas heterosexuales sin tener en cuenta que también existen muchas
lesbianas interesadas por el S/M. Una de sus principales representantes, la
escritora y activista estadounidense Pat Califia señala como aún no existiendo
una red de clubs de sadomasoquismo o locales y revistas especializadas en el
número y con la diversificación que en el caso de los hombres gays o heteros
existen numerosas lesbianas que lo practican y que hablan de sus experiencias
sadomasoquistas. Para Califia el S/M representa un ejemplo máximo de la
construcción política del sexo dejando claro que el placer producido por el
cosquilleo de un amante al soplarte en la oreja está tan socialmente construido
como la gozada que supone manosear las bragas negras de una amante o ser azotada
cariñosamente con un látigo de cuero. Pensar que el sadomasoquismo es sexista es
no comprender el poder de ritualización que tiene la escenificación de las
fantasías sexuales ni el placer que se produce y trasforma el dolor y la
sumisión en goce y experimentación. Para Califia la dinámica fundamental del
sadomasoquismo es la dinámica del poder no del dolor. Se puede jugar con la
dominación y el sadomasoquismo sin que haya que incluir necesariamente dolor
físico. El placer de una dominante depende de la dominada y viceversa. Los
papeles son intercambiables. Explica como el poder en una relación
sadomasoquista no tiene nada que ver con el privilegio social sino que es el
poder momentáneo que la otra parte te otorga.
El causar dolor gratuito o poco placentero es propio de novatos y de personas
que no saben lo que es realmente el sexo sadomasoquista. Muy al contrario
consideramos que el verdadero sadomasoquismo, practicado con inteligencia y
sensibilidad, está muy lejos de ser una práctica lesiva o dañina y que nos ayuda
a conocer mejor nuestro cuerpo y sus reacciones, a realizar muchas fantasías
tradicionalmente inconfesables o inhibidas y a un aprovechamiento erótico del
dolor o de la relación de poder que en mayor o menor medida existe en toda
relación sexual. Incluso los más fieros detractores del sadomasoquismo
reconocerán haber pellizcado un pezón, mordido una oreja, abrazado o presionado
con fuerza, haber recibido o dado una palmada cariñosa en el culo o haber sido
penetrados/as con cierto grado de dolor placentero.
Al igual que otras prácticas sexuales u otras sexualidades de las definidas como
periféricas (léase pedofilia, fetichismo etc.) el sadomasoquismo se reprime o se
critica empleando muchas de las razones que en su día se emplearon para
perseguir o silenciar la homosexualidad: no es una práctica reproductiva, es
minoritaria, niega la relación directa entre la masculinidad y el control sexual
o la femineidad y la pasividad sexual y utiliza objetos que no están orientados
a lo genital como centros de deseo.
Los psiquiatras y psicólogos se han hartado de decir que gays y lesbianas éramos
narcisistas, inmaduros afectivamente o neuróticos/as. Los argumentos que
surgieren que el S/M esta causado por lejanos traumas, complejos familiares,
culpabilidad sexual o baja autoestima siguen un desarrollo parecido.
El sadomasoquismo, para nosotros y nosotras, debería entenderse como un lenguaje
sexual apasionado y creativo, con sus propias convenciones, que siempre se
pueden alterar o renegociar y con sus propios signos y técnicas sexuales.
Las imágenes de sadomasoquismo más accesibles, hasta ahora, se pueden encontrar
en la pornografía comercial; sin embargo este material a menudo contiene
imágenes de actividades sexuales no consensuadas, no grafificantes para una de
las partes o en las que se obliga a practicar técnicas poco seguras. Hemos de
aclarar que la gran mayoría de la gente sadomasoquista no actúa así. Se suele
dar una gran importancia a la seguridad, a la comodidad y a la excitación del o
de la que actúa como parte sumisa. De hecho gran parte de la actividad del S/M
depende de las señales que lanza el sumiso o sumisa a la parte dominante y de
cómo esta conduce el juego sexual mediante el intercambio de puntos de vista y
la cooperación.
¿Qué es lo que obtenemos los y las que practicamos el S/M?
Fundamentalmente un placer extremado que no conseguiríamos con otro tipo de
prácticas. No existe un sadomasoquista tipo como no existe nadie que otorgue el
mismo significado ni obtenga idéntico placer con una misma práctica. Cada
persona erotiza un tipo de conducta. Los que nos acercamos al S/M erotizamos las
relaciones de intercambio de poder e incluso, en cierta medida, erotizamos
cierto dolor físico dentro de un contexto sexual placentero. El saber esto, el
tenerlo claro, no supone necesariamente el no haber podido interiorizar , en
mayor o menor medida, muchos de los prejuicios y tópicos que socialmente se
manejan sobre sadomasoquismo. Al igual que muchos gays viven sus sexualidad con
heredados complejos de culpa resultado de una educación y un entorno homofóbicos
muchos de los practicantes del S/M hemos sentido o podemos sentir en algún
momento cierta inseguridad con respecto a nuestras prácticas.
¿Soy masoquista debido a mi educación católica o a un trauma infantil o a mi
baja autoestima? ¿Alivio así mi culpabilidad?
¿Soy sádico porque no se canalizar mi agresividad o porque tengo problemas de
comunicación o de personalidad? ¿Libero así mi violencia?
Pocos sadomasoquistas que conocen o analizan los mensajes que desde diversas
instancias se nos lanzan sobre el sadomasoquismo hemos podido evitar hacernos
alguna vez preguntas de este tipo. Aunque la respuesta sea que nos encanta el
juego sadomasoquista y nos parece un terreno en continua exploración.
Dentro de las subculturas desarrolladas en el mundo gay la comunidad
sadomasoquista es una de las que tiene una identidad mas diferenciada. Surgidas
en EEUU hacia los años treinta se articularon visiblemente casi al mismo tiempo
que el moderno movimiento de liberación homosexual. Los locales y grupos leather,
de la comunidad del cuero, están cada vez mas extendidos aunque sigan siendo
casi exclusivos de grandes ciudades y no representen a toda la gama de gente que
practica el S/M. Esto no les ha librado del oprobio y la desaprobación de
algunos sectores muy conservadores del movimiento gay y lésbico mas preocupados
por dar una imagen de pulcritud y respetabilidad de cara al mundo hetero que de
ahondar en la diversidad erótica.
Tampoco les ha librado de ocasionales sanciones penales y posible
criminalización.
Y aquí podemos hablar del tristemente célebre Caso Spanner.
Un grupo de hombres se reúne en la localidad inglesa de Sheffield con la
finalidad de practicar sexo sadomasoquista. Sus actividades incluyen golpear el
pene con una regla y verter y untar cera caliente en sus genitales.
Alguien tuvo la ocurrencia de grabar algunas de sus escenas en vídeo, las cintas
llegaron a manos de la policía inglesa y fueron denunciados. Quince de ellos
fueron condenados, cinco a penas de prisión. El juez llegó a la conclusión de
que ninguna práctica de ese tipo, tan alejada, según él, de la idea del amor
humano, puede realizarse con pleno consentimiento. El caso Spanner llegó al
Tribunal Europeo de los Derechos Humanos que, por increíble que parezca,
ratifició la sentencia. Un caso puntual, aislado si se quiere, pero que refleja
todavía la criminalización del sadomasoquismo y del sexo gay en grupo. La idea
del amor humano que enarbolaba el juez sigue siendo una de las principales
críticas que se hace al S/M junto con la idea de que los que lo practicamos
vemos el sexo como algo negativo, sucio o lleno de culpa. En muchas ocasiones
esto es precisamente al revés. Al llegar mas lejos en la realización de nuestras
fantasías estamos atreviéndonos a escenificar una mayor intensidad y creatividad
en el deseo. Una práctica S/M no tiene porque ser mejor ni peor que una práctica
de otro tipo pero en muchos casos supone romper inhibiciones y tabués
culturalmente impuestas (la idea eterna del amor romántico, la falsa idea de que
las relaciones de pareja son igualitarias, la idea del sexo siempre genital y
que acaba con la penetración) y puede implicar mostrarse al otro y otros de una
forma mas auténtica.
Al mismo tiempo la crítica al S/M proviene de su dimensión transgresora en
cuanto a teatralización de las relaciones sociales de poder en un contexto
sexualizado donde tienen otro significado y se convierten en juego,
subvirtiéndolas. En todas nuestras relaciones humanas existen juegos de poder,
mas o menos erotizados El S/M pone el acento en esta dimensión erótica del poder
y las relaciones humanas y al mismo tiempo las cuestiona cuando al intercambiar
los roles de dominante y dominado se pone en primer termino su artificiosidad,
su convencionalismo. El hecho de que la iconografía del uniforme se haya
incorporado a la imaginería del sadomasoquismo proviene también de la puesta en
evidencia de la sexualización del poder, del funcionamiento del poder como
fuerza socializadora y de la evidenciación del juego fetichista que la sociedad
misma incorpora a las relaciones humanas de subordinación. La religión católica
también hace uso de una aparatosa escenografía sadomasoquista y gran parte de su
éxito se debe a la importancia concebida a la culpabilidad y la redención
mediante el castigo ritualizado. Poner de relieve su carácter erótico le ha
ocasionado no pocas críticas al S/M más subversivo.
Jugar al S/M claro está requiere un grado extremo de responsabilidad sobre todo
si se trata de S/M muy intenso. Puede implicar un diálogo con tus amantes sobre
lo que os gusta y lo que no, cuales son vuestros límites y cuales las fantasías
que deseáis explorar por primera vez y en cuales os negáis rotundamente a
participar. El sexo sadomasoquista debe ser también, claro está, sexo seguro.
Existen medidas de prevención para todas y cada una de sus prácticas, sin
excepción.
Cuando se está fuera de la comunidad leather o uno no se mueve con gente
aficionada al S/M existe todavía el riesgo de recibir muchas críticas y bastante
incomprensión. Proponer a un amante ocasional o incluso a una pareja estable una
serie de prácticas S/M sin conocer sus preferencias en este sentido puede
suponer reacciones de rechazo, burla , sorpresa o incredulidad. El movimiento
gay reformista no está ayudando para nada a que esto cambie. Pretenden ignorar
que existe una responsabilidad por parte de gays y lesbianas en apoyar a las
comunidades del sexo llamado periférico o minoritario como expresión de mayores
cotas de libertad y diversidad que sólo pueden repercutir en nuestro beneficio.
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